Pasión con mi pareja

25 Mar, 2026 | Salud

¿Cómo reconectar la pasión con mi pareja?

Por Ysabel Velásquez

La rutina es el gran enemigo del erotismo. La cotidianidad trepidante de la actualidad nos mantiene inmersos en interminables listas de tareas donde la intimidad, después de cumplir con todas las prioridades urgentes, queda en último lugar. Nos han dicho que el amor se asemeja a una planta. Aquí aprenderás cómo evitar que muera de sed, lograr que florezca y se mantenga renovado.

Con el paso de los años, si permanecemos en piloto automático y no nos atendemos como esposos y amantes, nos olvidamos de ser pareja. Extrañamos el sexo y el contacto afectivo, pero aun así nos cuesta tomar acción, ya sea por cansancio, por miedo a enfrentar la incomodidad, por temer que una discusión fracture más el vínculo, y descubrimos que nos hemos convertido en unos extraños que comparten la vida, en amigos o, peor aún, en hermanos.

Si te identificas con esta dinámica, no estás solo, es la realidad de las parejas de larga duración. Después del enamoramiento, mediado por la efervescencia hormonal y de neuro trasmisores positivos (donde todo es espontáneo), viene la intención consciente y el cultivo amoroso de la pareja; lograrlo no es tan difícil, solo requiere de atención y compromiso, como todo lo que es importante.

Cultiva el deseo

Crecimos viendo películas románticas en las cuales el deseo es una chispa, un impulso. Hoy día estas ideas se refuerzan con las redes sociales, donde a golpe de clic una sola imagen puede activar la imaginación. La idea de que el deseo sexual siempre es así nos llena de frustraciones cuando con el paso de los años ya no sentimos la misma emoción por nuestra pareja, lo que nos lleva a preguntarnos si hemos dejado de amarla.

El deseo sexual es algo que tenemos los seres humanos como parte de nuestra constitución biológica, es un chip que ya viene integrado, y que ha venido siendo programado a lo largo de los años, gracias a nuestras experiencias, las expectativas sociales, la cultura y los mensajes sobre el sexo y el amor que hemos recibido desde la adolescencia.

Cuando nos casamos y convivimos, el deseo no es tan espontáneo y natural, esto no significa que hay que buscar la pasión fuera o que el encanto se perdió. Nuestro cerebro no puede estar preocupado y deseante al mismo tiempo. El deseo requiere de presencia, de los cinco sentidos y de una imaginación al servicio del erotismo.

El punto de partida para cultivar el deseo consiste en darle espacio en nuestra mente, para luego traducirlo en conductas afectivas, sensuales y sexuales. También conviene cuidar nuestra higiene e imagen personal, sentirnos seguros en nuestra piel, dar un beso en la mañana, un abrazo, un toque pícaro, un mensaje inesperado a la mitad del día, expresarle lo que imaginamos hacer cuando él o ella llegue a casa. Todas son acciones que alimentan el deseo, que van generando dopamina a fuego lento, por consiguiente, nos hacen sentir deseables, vistos y deseados por el otro, y eso es tremendamente sexy.

Agenda la intimidad

Al ir contra reloj, todo lo importante tiene un espacio en nuestra agenda, y la intimidad no debería ser la excepción. Esta práctica viene de la conducta de los infieles, esos amantes que solo puede encontrarse en momentos específicos del día, y los sexólogos la recomendamos porque, así como sucede con ellos, el esperar al encuentro activa la imaginación y nos permite crear una anticipación erótica muy positiva. Sin embargo, muchas parejas casadas se quejan de que poner fecha y hora al sexo le quita espontaneidad o lo convierte en una tarea más, de esas que hemos de cumplir, por lo tanto, desprovistas de emoción.
La respuesta está en crear ese espacio para la intimidad sin una actitud demandante, sin la presión de tener sexo, como un momento de disfrute y relajación para la pareja, quitándose de la mente la idea de que la intimidad es una obligación. Con esta actitud, se vence la resistencia de los primeros encuentros programados, creando un espacio exclusivo para la pareja, donde el sexo va a darse y también va a alimentar otros momentos de placer inesperados.

Comunícate con claridad

Después de años de convivencia, damos por sentado que nuestra pareja nos conoce, que se anticipa a nuestras necesidades, que casi lee nuestra mente, y cuando no vemos que algo sea como esperamos, reclamamos porque él o ella no está prestando suficiente atención.

La verdad es que no tenemos la capacidad, por más amor y experiencias que hayamos compartido, de adivinar lo que el otro quiere, espera o necesita. Para eso está la comunicación, por eso expresarnos con asertividad y respeto, dentro y fuera de la habitación, es una fortaleza que se va adquiriendo con la práctica y que se observa en las parejas que son más felices tras muchos años de unión.

El sexo es, especialmente, un campo de entrenamiento para esta habilidad. En la cama, ninguno debe quedar insatisfecho, está prohibido fingir el orgasmo, no se debe soportar incomodidad para complacer ni creer que el otro es el responsable de mi placer, se trata de dar y recibir, de honrar cada encuentro y de entregarse con libertad, sin apuro y sin nada que demostrar.

Amor en acción

Mientras el deseo del hombre es más directo y visual, el de la mujer es más integral y emocional, responde a la presencia en la vida cotidiana, al apoyo constante y al amor como afrodisíaco. Esto es importante conocerlo, porque nosotras no solemos responder a la presión directa masculina, y menos cuando estamos cansadas; mientras ellos, muchas veces buscan afecto y relajación a través del sexo, impulsados por un pequeño gesto que activa su imaginación.

En esta dinámica, considerando que siempre hay un miembro de la pareja que tiene más deseo que el otro, suelen aparecer las críticas, las actitudes evasivas o defensivas o, incluso, el desprecio (descritos por el experto en relaciones de pareja John Gottman como los cuatro jinetes del Apocalipsis de la vida marital). Para evitar que esto se instaure, necesitamos ser muy conscientes de cómo tratamos al otro, considerar que el amor es, como afirmó Erich Fromm en el libro El Arte de amar, una práctica diaria, donde lo más importante es que nuestras palabras, gestos y acciones expresen ese cuidado por el otro y hagan tangible ese sentimiento.

Ahora solo falta que apliques estas cuatro herramientas. Verás que la rutina deja de ser un desafío y encuentras en los espacios creados para la intimidad, en medio del caos, un oasis de amor y conexión.